Viernes, 18 de mayo de 2018

Mi nombre es Lidia. Cuando era una adolescente sentía que era tal como las demás un poquito rebelde, muy soñadora, con altibajos en la escuela, y ya desde entonces la eterna necesidad de la mujer de sentir seguridad y protección, de aquel entonces mi eterna amiga Laura, cómplice de desventuras, la fiel y eterna discreción que acompañaba la malicia y la inocencia, aún recuerdo ese día cuando le decía con tono alegre, que Víctor me había llegado, ella se sonrojaba de envidia, pues era el chavo mas guapo del grupo, y me trataba como una reina, bueno a lo mejor ella no tenía al súper galán, pero si tenía un pretendiente, Daniel, que la rondaba, pero ella se hacía la remolona y abría de tender un cerco de hielo para él, en aquel momento ella y yo vivíamos para el hoy y el ahora, esta sensación de cotidiana comodidad hacia imperceptible los cambios, y cuando se hacían evidentes, era demasiado tarde, por eso recuerdo esas tardes con un poco de nostalgia, Víctor, Laura y yo solíamos hacer la tarea, como siempre en mi sala que era la mas grande, siempre en el mismo orden Víctor a mi izquierda y Laura a mi derecha, como los son muchas cosas Víctor era mi novio por mucho uno de los que mas quise, pero era bien menso, constantemente lo corregíamos, sin embargo, para ser hombre no iba mal en la escuela, en cambio Laura, bueno para decirlo rápido llevaba las mejores notas, así, trabajando, ese día se abre la puerta de la entrada, y entra un chico alto, guapo, fuerte, con una sonrisa de ángel y una mirada de ternura, nunca podré olvidar la cara de Laura, y supongo no muy diferente a la mía, lo supongo porque no reaccioné hasta que Víctor dijo en tono indignado. 

-¿Qué pasó? 

Y pues ni modo de decirle a mi novio que estaba derritiéndome por Roberto, así se llamaba, no me quedó mas que sonreír despreocupada minimizando el evento, además, aun cuando Víctor no estuviera, con apenas diez y seis tener contacto con uno de veintidós era simplemente impensable, muy a su pesar Víctor como todo un caballero ese día y lo siguientes continuaba asistiendo para hacer los deberes sin hacer mas ruido que el necesario, regalándome la confianza que de nada merecía, aunque era evidente que a Laura y a mí nos encantaban las visitas que con mas frecuencia nos asía Roberto, visitas que a Víctor le parecían del todo innecesarias, en este punto, debo aclarar que para mi Víctor no era solo mi novio, era en verdad, mí novio, la persona con la que caminaba por horas en la lluvia, el corazón que podría oír toda una tarde, el hombro para llorar cuando mi mamá llegaba de malas, y como dije, él no fue el primero, pero si el mas grande, comparado con Laura y sub estimando mi relación, ella solo era mi íntima, de muchas formas en ese momento, como lo es hoy, su comprensión de mí, está incluso por encima de la mía, y de muchas formas solapó el perverso libertinaje que me tomaba para con Roberto, excusándome con Víctor cada que algún desliz se me escapaba, e incluso se atribuía la culpa, y en mas de una ocasión buscó la forma de recompensar la gentil paciencia de David buscándonos tiempo para retozar alejándose y dándonos la privacidad discreta que toda pareja necesita, como lo fue ese día, en que despedía a Víctor en la puerta, no era raro que acariciara mi pelo mientras me besaba, recuerdo que en particular y a diferencia de otras ocasiones a lo lejos se oía una canción de esas toda romántica, él, con ese estúpido de aire galán de cine, me invitó a bailar en la terraza, me sentía ridícula, pero me encantaba ese tipo de tonterías, mientras me dejaba llevar por el ritmo él me miraba con ternura, esa no sería la primera vez que lo hiciéramos, pero ese día había un olor, o un color, o un sentimiento, no podría definirlo, lo que se, es que Víctor me tomó de la cintura, el solía hacerlo, pero fue diferente, sentí que lo hacía con fuerza, no me lastimaba pero me dominaba, recargó su cabeza en mi hombro, y besó mi cuello, algo realmente extraño pasó, mi espalda se enderezó pero no hubo tiempo de hacer nada porque me atajo con otro beso y otro mas, me sentí tensa pero no nerviosa, sabía que algo pasaba, fue cuando me di cuenta que mi suéter estaba mas arriba de lo normal, pero no quería notarlo, entre la satisfacción y alegría mezclada con la incertidumbre del miedo, oí que su respiración se agitaba, en ese momento me dejó ver sus ojos, pletóricos de ansiedad, se acercó lentamente a mis labios mientras yo me abandonaba para él, apenas sentí su aliento cuando, Laura que salía de la casa apareció con una carcajada retumbante, al vernos parados viéndola con una mirada asesina se limitó a excusarse con aquella famosa frase idiota. 

-¿Interrumpí algo? 

Mas tarde le conté a Laura con lujo de detalle lo que pasó, y ella oía con atención, mientras abría los ojos y movía la cabeza, lo mismo que yo ella se odió por aparecer en ese momento, lo que no le conté, fueron las consecuencias, a partir de ese día trataba de lograr que Víctor me volviera a mirar con esa ansiedad, que me tomara de la cintura pero no sucedió, también estaba el problema de no saber con precisión que buscaba, en ocasiones me llegué a decir que lo que buscara ya lo tenía, pero mi cuerpo como autómata seguía buscando, pero nada cambió, en cambio cada día mis faldas me parecían infinitamente largas, mis pantalones guangos sin importar que me cortaran la circulación en las piernas, para empeorar las cosas, por alguna razón cuando Roberto llegaba, discretamente mi falda se alzaba, los botones de mi blusa se abrían y mi vista se pegaba a el robusto pecho de Roberto, me daba cuanta de sobra que yo ya no era yo, que Victo despertó primero mi feminidad, después a la mujer. 

A la luz de mi errático comportamiento, para mi agrado mi novio me celaba, sin sofocarme, pero de cerca, se mantenía en rondas constantes invitándome a salir básicamente a pasear, cuando podía y tenía dinero al cine e incluso a comer, este sábado como tenía que ser quedamos para salir, mi mamá fue no se con precisión donde pero no estaba, y mi hermano los fines de semana los dedicaba a sus tropelías, si bien no se alejaba demasiado, entraba y salía de la casa con sus amigos, y con un -…no tardo- se hacía humo, el caso es que no por mucho, pero me dejaron sola esperando a Víctor, ahí en los departamentos donde vivía siempre dejaban la puerta del zaguán abierta, y la puerta de mi departamento siempre cerrada no requería llave pues no serraba bien, tenía truco, y no tenía nada de raro que Víctor se apareciera en mi sala sin avisar, así mientras me terminaba de arreglar oí que tocaba a la puerta, me pareció extraño que Víctor tocara, pero igual fui a recibir a mi amor, abrí sin ver quién era y le dije que todavía no terminaba de vestirme que me esperara en la sala, al oír esa vos gruesa que me saludó me dejó con UUUPS en la puerta, era Roberto por un segundo se me desvió la mirada a sus caderas, mientras le decía que no estaba mi hermano, él sonrió con esa mueca que me ponía loca, casi me parecía imposible dejar de mirar esos brazos, me dijo que ya se iba, pero le dije que ya no tardaba mi hermano, no vi nada de malo en dejarlo pasar e invitarle una bebida, él sonrió mientras pasábamos a la cocina, ya ahí platicábamos de la música que le gustaba, y de algunas otras trivialidades, ese día traía una minifalda de mezclilla deslavada, y blusa blanca de botones; al abrir la azucarera me di cuenta que no había volteé y le dije con inocencia que el traste estaba vació, él contestó ignorante que si no había mas, recordé que efectivamente él era una visita y no tenía forma de saber que el azúcar estaba en el anaquel mas alto, así que me reprendí, y con un pequeño banco subí y me estiré cual larga soy obviamente al hacerlo mi falda se subió, y aunque no lo vi pude sentir su mirada en mis caderas, por un segundo me sentí insegura pero fingí no poder alcanzarlo para estirarme y subir un poco mas la falda, finalmente mientras bajaba con el bote entre los senos me sentí un poco mareada, él se paró rápidamente y me abrazó de tal manera que quedamos frente a frente, fue cuando vi lo que buscaba en Víctor, esa mirada anhelante, primitiva, tal vez yo me ofrecí o tal vez él lo tomó, así llego mi primer beso erótico, tan ansioso y lleno de vida, me permitió sentir ese vano placer de saberse deseada, sentía sus manos incoherentes manosearme en forma sucia, mientras me dejaba llevar, podía oír mi corazón tan fuerte, y mi respiración entre cortada, veía sus ojos penetrándome, mientras sus manos inquietas alzaban mi falda, me perdía en él, así sigiloso y casi sin sentir llegó a mi intimidad, al sentirlo dentro de mí me desvanecía y me perdía lentamente en sus manos, por mas que mi mente decía basta, mi cuerpo decía mas, no sabía que quería, me sentí dominada y al mismo tiempo me entregué, finalmente él sonrió me parece que triunfante, sin retirarme la vista de los ojos se quitó pantalón y trusa sin mayor pudor, para la niña que nunca había visto uno, era enorme, mi asombro era tal que me inmovilizaba, con la misma insolencia, me alzo la falda y me bajo el calzón, de frente a mi sin perder la mirada a los ojos, me tomó de la cintura manteniendo mi falda arriba me sentó en la mesa con las nalgas descubiertas, y con alarde de dominio me ordenó, “abre”, yo no terminaba de entender, y él lo comprendió, así que me tomó de las rodillas y con suavidad me abrió las piernas, mis ojos casi se salían de sus órbitas, abrí un poco mas las piernas, ligeramente se acomodó, para ese momento mi corazón ya se salía de mi pecho, y con firmeza, me tomó de los hombros y me miró con ternura, de alguna manera estaba pidiendo permiso, yo en realidad no sabía qué hacer, fue ese el único momento en este capítulo que me detuve a cavilar, pero como casi todo lo que hacemos a los diez y seis, solo y sin pensar damos el siguiente paso, sonreí y simplemente abrí mas las piernas, ahí sin saber encontré lo que buscaba, de un golpe empujo asía adentro, y todo se ralentizó, dentro de mi claramente sentía lentamente su contorno hundiéndose, y apoco un ligero dolor, y se terminó, una sombra pasó frente a mí y me lo arrebató, en algún momento Víctor entró, empezó a golpear a Roberto que yacía en el suelo, yo me asusté como nunca, gritaba el nombre de uno y de otro, pero nada pasaba solo se oían blasfemias y golpes, en una fracción de cordura Víctor alzo la cabeza y me vio directo a los ojos, y pude ver la ira, furia, odio, violencia, pero por sobre todo vi un profundo dolor.


Publicado por hmontesc65 @ 16:26
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